Convencida de que el mundo sin sabor en el que se sumergió se pintará de rosa nuevamente como esos ayeres que tan dolorosamente recuerda y sin embargo no llegan, no.
Y aún cuando quiera callarlo sabe muy bien que los cuentos no existen, que el dolor no termina, que su príncipe no puede llegar no porque no exista sino porque la distancia y el momento no los une todavía, sigue y seguirá esperando como siempre callada, entre dos corazones, entre miles de voces que inundan su mente y no permiten que recuerde que no son dos, que es una sola.